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Volando voy...

  • 14 sept 2015
  • 5 Min. de lectura

...volando vengo, por el camino yo me entretengo.


En consultoría, al igual que en muchos otros trabajos, es habitual que tarde o temprano nos toque viajar. No esos viajes de placer, donde llenamos la maleta de “por si acaso”, compramos los billetes con meses de antelación, y elegimos el hotel más céntrico. Hablo de viajes en los cuales lo que prima es el presupuesto y la eficiencia, y de los que a veces te avisan solo con un día de antelación.


Para sobrevivir a esta segunda clase de viajes, los trucos y las pautas a las que estamos acostumbrados no siempre valen. No es lo mismo planificar una semana en la playa que una semana en la oficina, donde la única playa que verás será por la ventana (y eso con suerte!). Así que, con el objetivo de hacer menos difícil las primeras veces que nos enfrentamos a viajes de trabajo, para así poder “entretenernos en el camino”, y disfrutar de las cosas buenas que tiene, estos son mis trucos y rutinas.


Lo primero y más lógico, es tener siempre la documentación en regla. Parece una obviedad, pero he visto más de un caso en el que el DNI o el carnet de conducir estaban caducados en el momento de viajar. Si el viaje se comunica con antelación no hay problema (en el caso de los viajes internacionales suele ser así, por lo que el más fácil tener tiempo de renovar el pasaporte), pero si la necesidad surge de improviso, es fundamental tener estos trámites resueltos.


Una dificultad muy habitual se da cuando no teníamos previsto ningún viaje, y de un día para otro te destinan fuera de tu ciudad para un largo periodo de tiempo. Esto supone que citas de médicos, reservas en restaurantes, etcétera, deberán ser cancelados. Es importante llamar para cancelar o modificar una cita, ya que estamos contando no solo con nuestro tiempo, sino con el de más gente.


Hoy en día, estando en la era digital, lo más cómodo es llevar todos los papeles del viaje en el móvil/tablet. Los billetes en casi todos los lugares pueden presentarse en formato digital, y los hoteles solicitan cada vez menos la confirmación impresa de la reserva, conque lo importante es llevarlo encima, no el formato. Por ello, llevar todos esos documentos en formato digital ahorra molestos papeles y facilita el tránsito, sobretodo en los aeropuertos.


No debemos olvidar el material de oficina. Además del ordenador y su correspondiente cargador, y los papeles que vayamos a necesitar, llevar un cuaderno y un bolígrafo es lo mínimo que podemos incluir. Las tarjetas de visita (en caso de disponer de ellas) son otra de las cosas que no pueden faltar.


El problema más común, y lo que más problemas da a todo el mundo cuando viaja por primera vez por trabajo, es la maleta. Pese a que parezca sencillo (solo hay que meter en ella los trajes y el neceser), se suelen dar dos casos extremos. O bien se olvidan cosas, dado que no se relacionan con el trabajo (el pijama y el cepillo de dientes son los olvidos más comunes en mi experiencia), o bien tendemos a llenar la maleta de demasiadas cosas; la ropa de trabajo, unos vaqueros “por llevar algo más cómodo”, dos jerseys por si hace frío, varios zapatos para poder variar, el gel de ducha tamaño industrial,… Yo propongo una maleta de una semana simple, lo que no supone llevar alguna prenda “por si acaso”.


  • Ropa de trabajo: el traje en el caso del hombre, o los conjuntos de trabajo en el caso de la mujer. En definitiva, el uniforme, debe ser cómodo, adecuado al clima del lugar de destino (por ejemplo, si en un clima montañoso, aunque se viaje en el mes de julio, no está de más llevar algún pantalón largo), y combinable (sobretodo en el caso de las mujeres, llevar piezas que puedan combinarse entre sí, para poder crear más conjuntos ocupando menos espacio). Yo siempre suelo incluir una blusa de repuesto, ya que nunca se sabe si se va a necesitar.

  • Ropa de sport: en general, aunque se vaya a trabajar, se suele disponer de algo de tiempo libre, sobretodo por las noches. Tener la posibilidad de cambiarse la ropa de trabajo por algo más cómodo siempre se agradece. Esto no supone llevar ropa para el día y para la noche, sino alguna camiseta o unos pantalones que puedan servir tanto para ropa de trabajo (en caso de necesitarlo) como de sport.

  • El calzado: para mi es fundamental llevar dos calzados distintos. Esto supone meter un par de zapatos en la maleta, lo que no ocupa demasiado espacio, y puede venir bien si el clima parece lluvioso, o si necesitamos algo más formal y algo más cómodo. En general, no llevar todos los días el mismo calzado es mejor para los pies, por lo que es doblemente interesante llevar dos pareces de zapatos a los viajes.

  • Algo para combatir el frío: si se viaja en invierno es lógico que se llevará un abrigo, pero si es entretiempo, o incluso verano, nunca está de más llevar un jersey o un foulard, por si se tiene frío. El aire acondicionado de los sitios cerrados puede jugar malas pasadas, por lo que es mejor ser precavido.

  • Neceser de batalla: dado que hoy en día en la mayor parte de los hoteles ofrecen amenities, no es necesario viajar con el gel de baño y el champú de casa. Reducir el tamaño de lo que se lleva en el neceser, incluyendo muestras, y descartando los productos de uso ocasional (incluyendo reducir el maquillaje en el caso de las mujeres), ayuda a aligerar peso, y en los controles de seguridad del aeropuerto es muy útil.

  • Sí al botiquín: parece que ocupa demasiado espacio, pero yo suelo llevar siempre algún ibuprofeno, alguna tirita, y caramelos de menta en la maleta, dado que son las tres cosas que más he echado de menos en los viajes en estos años.

  • Sin olvidar los básicos: el pijama, las mudas, el cargador del móvil, un paraguas pequeño, un cinturón,… son las “pequeñas cosas” que tampoco debemos olvidar al viajar. Y si podemos, llevar dos cargadores, uno encima (en el caso de las mujeres el bolso se vuelve muy útil), y otro en la maleta. Nunca se sabe cuando lo vamos a necesitar.

Una vez superada la prueba de la maleta, llega la prueba del viaje. El aeropuerto, con sus controles de seguridad, es para mí lo más incómodo. Sacar el portátil de su funda, quitarse los zapatos, poner los líquidos a parte, hacer malabares con las bandejas donde depositar las cosas y la maleta de mano,… En esto poco podemos hacer, salvo ser eficientes. Intentar llevar el menor número de cosas metálicas encima (joyas, cinturón), utilizar el calzado más fácil de quitar y poner, y tener los líquidos ya preparados en una bolsa, son las cosas que suelo cuidar. Y sobretodo, armarse de paciencia.

En cambio, cuando se viaja en tren, el control de seguridad es más fácil. En este caso, yo suelo llevar una botella de agua (cuando viajo en avión en el aeropuerto enseguida me agencio una), dado que conviene hidratarse cuando se viaja. También suelo llevar alguna chocolatina o caramelos (nunca se sabe cuando vamos a necesitar un chute de azúcar) y el ordenador cargado, para poder aprovechar el viaje. Si voy sola, el mp3 nunca está de mas.


Aunque sin duda, el mejor consejo posible a la hora de viajar por trabajo es que disfrutes del viaje. En todo viaje de trabajo hay tiempo para una cena con los compañeros para probar la gastronomía típica, o un momento para dar una vuelta por la ciudad (o los alrededores del hotel en los casos menos afortunados). Viajar por trabajo es, al fin y al cabo, viajar, con lo que siempre habrá un momento para concer y difrutar del destino.

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