Summertime (part I); Reunión & Mauricio
- 5 sept 2016
- 3 Min. de lectura
Ha llegado la vuelta al cole… Siempre es dura, pero este año para mi lo ha sido algo más, ¡no he parado quieta! Apenas 4 días en Madrid para cambiar maletas, y vuelta a coger aviones. Y aterricé solo con un día de margen para volver a trabajar, así que el jet lagg ha hecho acto de presencia hasta que he podido recuperarme durante el fin de semana.
¡Pero nada de quejas! Las vacaciones han sido estupendas, y cuando disfrutas, aunque no tengas tiempo de descansar, todo se lleva mucho mejor. Eso es especialmente cierto cuando tienes que coger 3 vuelos, uno de ellos de 11 horas, para llegar al destino. Ese fue mi caso en la primera etapa de mis vacaciones; las islas de Reunión y Mauricio.

Para llegar hasta la isla de Reunión, tuvimos que coger 3 aviones, de los cuales el segundo casi lo perdemos por la fila que había para pasar la aduana en París. ¡Nunca había tenido que correr por un aeropuerto! Pero al final llegamos sanos y salvos a nuestra primera etapa del viaje; L’Ermitage-Les Bains. En un pequeño hotel con estructura de casa local, pudimos ver la primera de las puestas de sol del hemisferio sur que he podido contemplar por primera vez en este viaje. Sencillamente maravillosas. En esa zona de la isla, la más turística, pudimos disfrutar de un vuelo en helicóptero sobrevolando la barrera de coral y uno de los tres volcanes de Reunión, Le Piton des Neiges, así como coger un barco para ir en busca de ballenas. Tuvimos la suerte de poder ver a una madre con su cría nadando y jugando en el agua. Sin duda un espectáculo de la naturaleza.


Durante los 4 días que pasamos en la isla, fuimos moviéndonos con el coche visitando los distintos circos, el de Cilaos y el de Hell-Bourg, parando en lugares totalmente distintos a lo que estamos habituados en el hemisferio norte, tanto por vegetación como por formaciones rocosas, como son la Cascada Gran Gallet, la Playa de Boucan, la Coulée de Lave, o el Valle de Takamaka. Durante el viaje nos alojamos en hoteles entre campos de caña de azúcar, y probamos la gastronomía local, muy influenciada por la comida hindú, y aromatizada siempre con vainilla.





Tras disfrutar de Reunión, aunque como siempre nos quedamos con ganas de más, pusimos rumbo a la isla de Mauricio. A 50 minutos en avión, nos dispusimos a recargar las pilas en el hotel Dinarobin, que con sus playas de coral, sus actividades acuáticas, sus restaurantes, su spa,… realmente no había ocasión de aburrirse. Pese a estar en invierno, las temperaturas eran estupendas, y podíamos estar todo el día en la playa, o al aire libre en general. Incluso la tarde que llovió, se podía estar en la terraza de la habitación leyendo un libro tranquilamente escuchando la lluvia sobre el mar.


Es curioso como, habiendo muchas más cosas que ver en la isla de Reunión que en Mauricio, la información disponible de Reunión es mucho más escasa. Tuvimos la suerte de encontrar algunas pistas por Internet, lo que unido al mapa de carreteras que compramos allí, nos permitió movernos por la isla sin problemas y ver todo lo que queríamos (aunque seguro que nos dejamos muchas cosas).
Sin duda, merecieron la pena tantas horas de avión y tantos kilómetros para disfrutar de un lugar tan distinto a todo lo que conocía hasta ahora, lleno de naturaleza y de contrastes… Y que no tiene que ver con la segunda parte de mis vacaciones. ¡Pero eso lo dejo para dentro de dos semanas!










































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