Brooklyn follies
- 19 oct 2015
- 3 Min. de lectura

Nathan Glass ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio después de tres décadas de matrimonio, y ha vuelto a Brooklyn, el lugar donde pasó su infancia. Hasta que enfermó era un vendedor de seguros; ahora que ya no tiene que ganarse la vida, piensa escribir El libro del desvarío humano. Contará todo lo que pasa a su alrededor, todo lo que le ocurre y lo que se le ocurre. Comienza a frecuentar el bar del barrio y está casi enamorado de la camarera. Y va también a la librería de segunda mano de Harry Brightman, un homosexual culto que no es quien dice ser. Y allí se encuentra con Tom, su sobrino, el hijo de su amada hermana muerta. El joven había sido un universitario brillante. Y ahora, solitario, conduce un taxi y ayuda a Brightman a clasificar sus libros... Poco a poco, Nathan irá descubriendo que no ha venido a Brooklyn a morir, sino a vivir.
Cuando me recomendaron este libro en mayo de este año, no podía imaginarme lo mucho que me acabaría gustando. No pude empezar a leerlo hasta agosto, porque el trabajo me hacía imposible encontrar el momento adecuado para sentarme tranquilamente y empezarlo.
Una vez llegaron las vacaciones, tenía pendiente terminar de leer Suite Francesa (siempre he preferido leer un libro antes de ver su adaptación al cine, y esta no ha sido una excepción), así que no fue hasta final de mes cuando por fin pude dar el primer paso que siempre sigo cuando voy a empezar a leer un libro; escoger su marca páginas.
Cada vez que viajo, intento comprar un marca páginas del sitio que visito. Así, cuando los utilizo, me recuerdan a los buenos momentos que he pasado en cada viaje. También intento encontrar marca páginas cuando visito alguna exposición y veo un cuadro que me gusta, para poder conservarlo, aunque sea en formato alargado.
Siempre intento que el marca páginas tenga relación con el libro que voy a leer, pero en este caso no conservaba ninguno de mi viaje a Nueva York, por lo que el vínculo que encontré fue más simbólico. Tengo un marca páginas con un mapa mundi, y dado que iba a leer un libro ambientado en Brooklyn en un viaje a Rusia, me pareció muy adecuado.
Empecé el libro y enseguida me llamó la atención la forma de escribir, tan cercana, tan natural. No leía al autor, leía a Nathan, sentía que hablaba directamente conmigo, y no me costaba imaginar su voz, los lugares que mencionaba, y hasta lo que sentía. Cada vez que Paul Auster dibujaba un nuevo personaje, le sabía dotar de vida.
La historia me atrapó desde el primer momento. No hay aventuras, no hay un crimen que investigar,... sencillamente es la vida, que transcurre, y en la cual te logra sumergir inmediatamente. Es una historia intimista, cargada de momentos y pensamientos que te hacen reflexionar, hasta el punto de sentirte un personaje más de Brooklyn. Cada vez que tenía que cerrar el libro, sentía despertar, salir de aquel mundo que Paul Auster dibujaba y en el cual te atrapaba.
Como me dijeron cuando me lo recomendaron, "de este libro hay que leer hasta la última palabra". No voy a decir más, salvo que estoy totalmente de acuerdo con esa recomendación. Sin duda, una maravilla de descubrimiento de libro. No será el último que lea de Paul Auster.










































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