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Hablar en púbico: trucos y verdades

  • 23 may 2016
  • 3 Min. de lectura


Durante toda mi vida escolar y universitaria, me he encontrado con compañeros a los que no les gustaba hablar en público. Bien por vergüenza, porque creían que no se les daba bien, o por algún otro motivo que se me escapa, lo evitaban a toda costa y hacían que ésa responsabilidad cayese sobre algún otro compañero. A mi, que nunca me ha importado, eso me supuso poder practicar mucho más las exposiciones en público, algo que años después he agradecido.




El entorno laboral no parece un sitio donde saber hablar en público vaya a servir. Las reuniones de trabajo no suponen hablar ante una audiencia que espera que impartas conocimiento, tal y como hacíamos en la universidad. Pero como cada trabajo es un mundo, y en mi caso cada Proyecto requiere de unas capacidades distintas, me he encontrado necesitando saber hablar en público también en el trabajo, y de nuevo, con compañeros que no querían o no sabían.



Eso me ha hecho pensar en las claves que aplico yo cuando hablo en público, las que me dan la seguridad y el aplomo necesario para hacerlo. Ya sea ante compañeros, ante clientes, jóvenes o mayores, hay ciertos aspectos que siempre mantengo, adaptando el resto a los interlocutores.


  • Proyecta confianza: para que la audiencia te escuche, más allá de que el tema resulte interesante (muchas veces nos viene impuesto), se debe generar confianza cuando se habla. Para ello, es clave conocer bien el tema, habérselo estudiado a fondo. Esto nos dará seguridad a nosotros, y nos hará proyectarla mientras hablamos.

  • Haz el tema interesante: pese a que el tema de la intervención nos venga dado, se puede intentar hacer más atractivo para la audiencia. Desde crear una presentación vitalmente bonita o llamativa, hasta introducir anécdotas o casos prácticos, que hagan la exposición más fácil de recordar. Lanzar preguntas también es otro método para tener a la audiencia atenta e interesada.

  • Responde preguntas: aunque puede ser el punto más crítico (dado que siempre puede haber una pregunta que no sepamos responder), el dejar un turno de preguntas, o el permitir las preguntas durante la exposición, puede hacer que la audiencia se muestre más interesada, al poder ir interviniendo en la misma. Eso sí, el cómo se gestionen dichas preguntas puede y debe variar en función de la audiencia ante la que nos encontremos.

  • Comunicación verbal: el tono en el que hablemos (ni gritando ni susurrando), la entonación, la manera de mantener a la audiencia pendiente de nuestras palabras, e incluso la forma de pedir silencio, son claves en este tipo de intervenciones.

  • Comunicación no verbal: tan importante es mantener un tono adecuado en la intervención, como tener una comunicación no verbal acorde con el mensaje que estamos dando. Mirar a la audiencia (y si son pocos, a cada uno a ser posible), mover el cuerpo (¡pero tampoco demasiado!), y vestir de una manera que nos resulte cómodo y con la que proyectemos la imagen que queramos.

Me he encontrado con casos en los que son los propios compañeros los que interrumpen al ponente, y no hay cosa más desagradable. Por mucho que pensemos que nosotros lo haríamos de otra manera, o ya nos sepamos el contenido y nos aburramos, es una falta de respecto, y solo se consigue poner más nervioso a la persona que está exponiendo. Si el ponente pide opinión a los compañeros, para tener apoyo sobre un tema concreto, entonces estupendo, pero sino, mejor dejar intervenir a quien está al cargo de la exposición.


Por supuesto, estas claves son las mías. Seguro que hay muchas otras, pero estas son las que yo adapto a cada situación en la que me he encontrado, y las que me dan buen resultado.

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