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Cómo sobrevivir a viajes de trabajo

  • 20 jun 2016
  • 2 Min. de lectura

Durante estos dos últimos meses (casi tres, porque oficialmente el Proyecto empezó en abril), el trabajo me ha tenido inmersa en viajes y reuniones día tras día, con lo que apenas he parado por casa. Realmente no puedo quejarme, porque me encanta mi trabajo y me encanta viajar, con lo que dos cosas que me gustan unidas, no pueden salir mal… ¿o si?.


La verdad es que viajar por trabajo es cansado. Muy cansado. Los madrugones para coger el AVE cargando con la maleta, el bolso, el ordenador,… Dormir en distintos hoteles (que aunque en general son cómodos, siempre hay excepciones), los kilómetros cuando toca viajar en coche, las largas esperas en los aeropuertos, y muchas pequeñas cosas, hacen que lo que más eche de menos sea ver la tele en mi sofá.


Pero aunque sea cansado, viajar por trabajo tiene su lado bueno. Por supuesto trabajas más, ya que al llegar al hotel sigues haciendo cosas (ese “ya que estoy…”, o el “solo voy a cerrar estos temas”), pero siempre hay huecos para desconectar. Y en mi caso, esos suelen ser las cenas. Aprovechar que estamos en otra ciudad para buscar sitios donde cenar y disfrutar de la variada gastronómica española.


Este año, los destinos han sido variados geográficamente, empezando por Madrid, donde al quedarme en casa poco turismo gastronómico he hecho. Pero cuando ha tocado viajar, ¡no hemos dudado en aprovecharlo! Así que mi gran secreto para sobrevivir a estos viajes (además de hacer la maleta con cabeza, como ya comenté, e intentar dormir unas 7 horas), ha sido aprovechar y probar estas maravillas.


En Andalucía, por supuesto no hemos dejado pasar la oportunidad de comer pescadito frito y berenjenas con miel.

En Cataluña, allá donde fuésemos podíamos disfrutar del maravilloso pan tumaca, y por supuesto probamos unas tablas de embutidos y quesos de la zona. Y para terminar, nada como una crema catalana para endulzar la cena. Aunque muchas noches las hemos pasado en la terraza del hotel, disfrutando de sus cocktails, sus ensaladas y sus hamburguesas, con unas vistas maravillosas del Montjuic.


Y en San Sebastián, ¡como no ir de pinchos y zuritos por el casco viejo! Con la suerte de conocer a gente de la ciudad, que nos recomendó los mejores lugares, y qué tomar en cada uno, para no quedarnos sin probar nada. Y qué decir de las puestas de sol en la Playa de la Concha... espectaculares.


Aún quedan dos destinos para terminar la ruta gastronómica de este año, Zaragoza y Pamplona, y estoy deseando ir. Porque aunque viajar por trabajo sea cansado, trabajes más horas, y eches de menos tu sofá… Comer en cualquier rincón de España es una delicia, que ayuda a sobrellevar mejor el cansancio y los kilómetros.

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